Vendedoras de caricias
Todo
comienza con…Una mujer camina por la calle. Un hombre se le aproxima. Se miran,
hablan. Caminan juntos hacia el carro en busca de un hotel. Minutos después
ella saldrá. Él se perderá en la noche, ella regresará a caminar por la misma
vereda. Es un hecho simple: se trata de una prostituta que ha cobrado por sus
servicios; se trata de un cliente que ha satisfecho su necesidad sexual.
El proceso parece sencillo: el varón
tiene derecho a recurrir a los servicios clandestinos de una mujer pública. La
mujer se prostituye porque es puta. En estas sencillas palabras se resume toda
la mitología alrededor de esta práctica.
Cuerpos que revientan la minifalda. Los
bustos y traseros se muestran como aparadores y desfilan por las aceras de muchas
avenidas de esta ciudad. Necesidad, dinero y deseo se unen en el orgullo
latente de ser prostituta como máxima forma de entrega incondicional hacia su
familia.
¡Mis respetos! mujeres son las que a partir de las 8 de la noche comienzan a ponerse al servicio de los clientes. Las que ofrecen de 15 a 30 minutos de placer a cambio de una paga ¡Esas si son mujeres!
Siempre
que escucho ´´rameras´´, ´´golfas´´, ´´putas´´, ´´pirujas´´, ´´hetairas´´, me
asombra que la sociedad mexicana no tenga los pantalones para borrar estos
adjetivos del imaginario colectivo, ya
que son las que se obligan a romper con
lo bueno y lo malo, lo tradicional y se adentran al mundo del placer.
Considero que la marginación que
presentan estas mujeres está en función de la mancha del oficio más viejo del
mundo: la prostitución, pues se manifiesta como una transgresión revestida de
disimulo social. La solo presencia de fornicación, el aumento del líbido y la
degradación de la mujer son temas intocables en esta sociedad aparentemente ´´moralista´´.
Sexoservidoras fajen. Cojan. Hagan orales.
Regalen placer. Huelan a sexo. Finjan orgasmos. Por el puro amor a su familia,
al carajo los tabúes y las buenas costumbres. No se avergüencen de su trabajo,
sean entusiastas, dejen de vivir en el anonimato, eduquen a sus hijos bajo una
ideología libre, y sobre todo cuiden sus vidas.
Algún
día podrás dar paso a la libertad, por lo mientras trabaja todo lo que puedas,
pues recuerda que la vejez es tu peor enemigo. Pon tu las reglas, cobra lo que
sea necesario. Mangonea la imagen viril. A quien carajos le importa tu oficio.
Y más vale que se hagan a la idea, pues siempre existirá un cliente que pague
por ustedes. Por Arantxa Morán Vargas
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